Raíz, historia y fuego
Hay mujeres que cocinan y hay mujeres que convierten la cocina en una forma de contar quiénes somos.
Actualmente es Directora Gastronómica de Paraíso Country Club y forma parte de CANIRAC Morelos desde la Vicepresidencia de Cocina con Identidad, Patrimonio y Futuro Sostenible. También es miembro de Vatel Club México, de la Academia Culinaria Francesa con grado de Chevalier y de Disciples d’Escoffier.

Para Ceci Gutiérrez de Alva, la gastronomía es mucho más que sabores y técnicas: es una herramienta para preservar tradiciones, transmitir saberes, generar oportunidades y mantener viva la identidad de un territorio.
Su trayectoria reúne cocina, investigación, formación y trabajo cercano con cocineras tradicionales. Una historia construida desde la memoria, la tierra y una convicción: la cocina puede preservar el pasado y, al mismo tiempo, construir futuro.
¿Quién es Ceci Gutiérrez de Alva más allá de la cocina?
Soy una mujer profundamente conectada con mis raíces. Me considero una narradora de historias a través de los sabores, pero también una formadora y creadora de oportunidades.
Cocino desde la memoria, la tierra y el corazón. Me mueve el amor por mi gente y la posibilidad de transformar a través de la gastronomía. Soy raíz, soy historia y soy fuego que transforma.
¿Cómo comenzó tu historia en la gastronomía?
Comenzó en casa, entre aromas, recetas y las manos de mi mamá, mis bisabuelitas y mis abuelitas. Ahí entendí que cocinar no solo alimenta, también abraza y es una forma de cuidar a los demás.
Con el tiempo comprendí que mi conexión con la cocina también era una conexión con la tierra. Para mí, escucharla significa respetar sus ciclos, valorar los ingredientes y reconocer a quienes han preservado estos saberes durante generaciones.

La cocina inicia en la tierra.
La investigación y la escritura también forman parte de tu trayectoria. ¿Cómo han influido en tu cocina?
Me enseñaron a mirar la gastronomía con mayor profundidad. Ahora no solo veo un ingrediente o una receta, sino su historia, su origen y las personas que están detrás.
La academia me permitió documentar y dar valor a estos conocimientos. No cambió mi esencia; la fortaleció. Hoy cocino con el mismo corazón, pero con mayor conciencia.
Como formadora de nuevas generaciones, ¿qué consideras fundamental transmitir?
No basta con enseñar técnicas; hay que formar conciencia. Para mí existen tres elementos fundamentales: identidad, respeto y propósito.
Hay que conocer nuestras raíces, respetar la tierra, al productor, al ingrediente y al comensal, pero también preguntarnos para qué cocinamos y qué queremos generar.
La técnica se aprende, pero la sensibilidad se cultiva. La cocina es un acto profundamente humano.
¿Qué momentos han marcado especialmente tu trayectoria?
Representar mi cocina en concursos como la Copa Vatel fue importante porque me enseñó disciplina y carácter. También ha sido fundamental trabajar con cocineras tradicionales de Morelos, quienes me mostraron que existe un conocimiento invaluable que vive en las manos, la memoria y el territorio.
Compartir experiencias con chefs internacionales y participar en proyectos, conferencias y espacios de formación amplió mi visión y reafirmó algo esencial: la cocina mexicana tiene un enorme valor cuando se presenta con identidad, técnica y orgullo.
Los reconocimientos no los veo como un punto de llegada, sino como una responsabilidad para seguir creciendo y representando dignamente nuestras raíces.
¿Cuál consideras que ha sido tu aportación a la gastronomía de Morelos?
Construir un puente entre la tradición y la evolución.
He buscado contribuir a que la cocina morelense se preserve, pero también que se valore y encuentre nuevos espacios. Morelos tiene una enorme riqueza de ingredientes, historia y conocimiento.
El maíz, el arroz, los moles y los pipianes son mucho más que recetas: son parte de una herencia viva. Pero nuestra mayor riqueza está en las personas que han conservado estos conocimientos durante generaciones.

¿Qué buscas provocar a través de tu cocina?
Emoción, memoria y conexión. Quiero que un platillo pueda llevarte a un recuerdo, a tu infancia, a tu casa o a una persona.
También quiero generar conciencia sobre todo lo que existe detrás de un ingrediente: su origen, el productor y la cultura a la que pertenece.
La cocina es memoria viva. Los sabores no solamente se prueban; también se sienten y se viven.
¿Hacia dónde quieres llevar tu proyecto gastronómico?
Quiero seguir construyendo una cocina con sentido, profundamente vinculada con Morelos, pero con una visión contemporánea.
Me interesa formar nuevas generaciones, impulsar el talento joven, colaborar con productores y cocineras tradicionales y generar oportunidades. El futuro de la gastronomía mexicana debe permitirnos innovar sin perder nuestra esencia.
¿Qué legado te gustaría dejar, especialmente a las mujeres que comienzan en la gastronomía?
Me gustaría dejar un legado en las personas, no solamente en los platillos. Que las nuevas generaciones y especialmente las mujeres sepan que pueden construir una carrera con carácter, sensibilidad y propósito sin renunciar a su esencia.
Quiero que entiendan que su historia y su voz tienen valor. Si logro inspirar a más mujeres a cocinar con libertad, preparación y orgullo por sus raíces, sentiré que mi camino trascendió.
Si tu historia tuviera un sabor, ¿a qué sabría?
A un mole complejo, profundo y en constante transformación. Tendría dulzor, amargor, picante y notas tostadas; diferentes capas que representan los momentos difíciles, los aprendizajes y las satisfacciones de mi camino.
Sabría a fuego lento, porque hay procesos que no pueden apresurarse. Y, sobre todo, sabría a raíz, porque todo lo que soy y todo lo que cocino parte de ahí.
